Argos era mi patrulla y “Desafiando caminos nuevos” era nuestro grito, el cual se entonaba dándole la guía de patrulla un tono agudo al gritar nuestro nombre, mientras que el unísono y heterogéneo mar de voces femeninas que conformaban las demás integrantes gritaba el complemento.
Yo puedo decir con orgullo que me toco estar en ambos lados a lo largo de los 4 años que estuve en la tropa de Expedicionarias Ashanti del grupo 1 Olmeca, y ahora que lo pienso detenidamente, nuestro grito ha estado presente en mi vida desde esa tarde de Septiembre, hace más de 10 años, cuando llegue al Parque y dos niñas me invitaron a reabrir la mítica y renombrada “Argos” y devolverle su gloria de antaño.
Y digo que ha estado presente en mi vida, porque a lo largo de esta década he andado en diversas ocasiones por caminos nuevos con la valentía que te da el simple hecho de aceptar un desafío, y a veces he recordado mi grito de patrulla, mi tropa, los campamentos, y todos los otros momentos que llenan mi corazón de nostalgia y calidez.
Es algo tan especial estar en una patrulla, ese sentimiento de pertenencia, de hermandad, es único, tener un grito y escucharlo en frente de toda una formación en una ceremonia de premiación para reconocer que su acampado fue el mejor o que nadie los supero en la pista de comandos, recordar el lema y seguirlo, y claro, nada como el orgullo de portar tus cintas de patrulla cuando tu nombre queda grabado para siempre en las memorias de la patrulla, sabiendo que aun cuando ya te hayas ido, las siguientes generaciones sabrán que exististe y el honor que le diste a tu patrulla… No, ¡Nada como el conjunto de todos esos recuerdos!
ARGOS…. ¡¡¡Desafiando caminos nuevos!!!
jueves, 6 de octubre de 2011
ARGOS
lunes, 26 de septiembre de 2011
¿Recuerdas?
Extraño mucho mi vida scout, sueño con algún día tener la disponibilidad de tiempo de retomarla activamente. Y ayer, en el aniversario de las Guías Scouts de México, mi hermana me leyó una felicitación enviada desde Argentina que decía “Un fuerte apretón de mano izquierda y unas hojas de te”… Los ojos de ambas se nos pusieron llorosos y en una mirada mutua nos dimos cuente que nos había invadido exactamente el mismo sentimiento de nostalgia.
Puedo asegurar que ningún no scout podría entender el sentimentalismo o el significado siquiera, detrás de esa sencilla felicitación, pero yo, como cualquier scout, si.
Hace tanto que no escucho unas hojas de te, hace tanto que nadie me saluda con la mano izquierda, hace tanto que no me voy de campamento, o paso una pista de comando, hace tanto que no escucho una voz ronca gritar “Scouts siempre” mientras me uno al mar de voces que al unísono contestan “Listos”, hace tanto que no pongo mi mano derecha en el pecho y bajo la cabeza para dar una oración junto a mis hermanos scouts, hace tanto que no transmito clave morse, y con tristeza me doy cuenta que ya se me olvido la clave semáforo, que nunca fue mi fuerte, hace tanto de tantas cosas … ¿Recuerdas?
viernes, 18 de febrero de 2011
El parque La Pólvora
Anoche soñé que cumplía algo que he anhelado fervientemente desde hace un par de meses y que espero poder cumplir este próximo sábado. Soñé que volvía a los scouts.
Llegaba a ese parque que tanto amo, que me vio crecer. Ese parque al que mi madre según cuenta me llevaba a caminar cuando di mis primeros pasos, y que me volvió a ver hasta que empecé la adolescencia y el destino me trajo de regreso a estas tierras húmedas y calurosas. El mismo parque en el que sentados en una banca cerca de una de sus lagunas, mi padre me dijo que si me autorizaba tener novio siempre y cuando él pudiera conocerlo, ese primer novio, por cierto, también era scout. El parque tan fresco y lleno de árboles, y fue precisamente bajo uno de sus árboles, el que secretamente era el árbol de mi patrulla que me dieron mis cintas y mi nombre "Canit". Y también a orilla de otra de sus lagunas hice mi promesa, acompañada de mis padres, pues fue mi padre quien puso la pañoleta alrededor de mi cuello con un nudo de madera que él me había estado labrando en secreto, y que anudaba no cualquier pañoleta sino "su pañoleta" con la que él había hecho su promesa hacía unos 25 años siendo un adolescente como le era yo en ese momento. Ese mismo parque me vio romperme y dislocarme un brazo y mantener la entereza de no llorar.
Podría seguir contando indefinidamente tantos momentos que en el viví, pistas comando, trasmisión de claves semáforo y Morse, etc. Pero lo que hoy quería contarles, fue que en mi sueño, volví a ese parque, me volví a sentir cálida y bienvenida envuelta en su familiaridad, Abracé a dos de las hermanas Malpica, una de las cuales fue mi scouter y que sueña con que yo sea la scouter de sus hijos. Y corrí hacia la comunidad de caminantes o tropa de expedicionarios como nos llamábamos en mi época y hablaba con su scouter pidiendo integrarme como subjefa de tropa, digo, comunidad. Estaban a punto de irse de campamento, y yo en mi sueño al menos, fui inmensamente feliz.
martes, 11 de enero de 2011
La fogata

"Que las llamas se levanten hasta el cielo y con ellas el corazón de los mortales; y que el crepitar de sus candentes brasas llene al mundo de amor, luz y alegría”
Últimamente me ha invadido una
constante nostalgia de la vida scout, y cuando esa sensación me llega de repente, una de las primeras imágenes que viene a mi mente, son las fogatas de consejo con las que se acostumbra finalizar los campamentos. Casi me puedo sentir a allí, y llenarme con la calidez que me trasmiten.
Recuerdo innumerables fogatas en calurosas selvas húmedas y en fríos bosques de coníferas, fogatas sentados cómodamente contando historias en algo íntimo, como un campamento de clan, riendo, bromeando, tal vez con un poco de vino tinto; y fogatas parados entonando "No es más que un hasta luego... No es más que un breve adiós" y tomados de las manos con los brazos cruzados dando la media vuelta para el cierre moviéndonos a la par como si fuéramos uno, en aquellos memorables campamentos de grupo, o incluso en algunos esporádicos nacionales.
Una fogata para mí también siempre estará asociada a la música, a todas esas clásicas canciones scouts que jamás pasarán de moda, desde las cargadas de mucho sentimentalismo como "Viejo uniforme cuanto tiempo ha pasado, cuantos recuerdos haces tú revivir" o "Domingo a domingo scout de corazón” hasta las graciosas e incluso chuscas como "Un clanero y una clanera, guapa, se cayeron a un río, guapa, y no sé cómo le hicieron, guapa,

pero no pasaron frio" o las que van con baile y todo como "Oh alele oh alele alele kita tonga amatsa amatsa amatsa", y claro "Clementina", una de mis favoritas debo confesar.
La verdad, es que lo extraño, no solo las fogatas y las canciones, extraño los campamentos, las excursiones, hacer herbarios, trazas rutas, leer mapas, pasar pistas de comando y el sentir mi uniforme puesto, luciéndolo orgullosamente y gritándole al mundo que soy scout de México y de Lord B.P.