‘Yo
prometo por mi honor…’ Es como empieza en todos los idiomas la promesa que
hace un scout cuando le entregan su pañoleta y acepta el compromiso de seguir
los principios scouts, que básicos pero fundamentales, constituyen la formación
de una persona noble de corazón, alegre de espíritu, pero sobre todo,
honorable, algo que tristemente se ha perdido en el cada vez más cínico mundo
en el que nos ha tocado vivir.
Pero en lugar de quejarnos y ser observadores
pasivos de estos cambios negativos, scout o no, Dejar el mundo en mejores condiciones de cómo lo encontraste,
debería ser un objetivo en común.
Dios, no importa en cual creas, pero
hacerlo bien. Patria, ese respeto
hacia la nación que te vio nacer. Hogar,
ese lugar cálido y familiar, refugio de todos, donde se puede ser siempre uno
mismo, el más determinante sobre la clase de persona que serás al ir creciendo.
Así de simple, representado en el internacional e instituido desde hace más de
100 años saludo scout: Dios, Patria y Hogar.
La memoria con el paso del tiempo juega con
nosotros y muchas veces los recuerdos se van diluyendo con el inevitable
transcurrir de los años. Pero creo que cualquier scout en el mundo, puede
regresar a ese instante en la formación donde su jefe de tropa o clan comenta
que tendrán una ceremonia especial y lo invita a pasar al frente, preguntándole
si está listo para hacer su promesa, ese compromiso de por vida que deberá
honrarse y respetarse.
Yo prometí por mi honor, hace muchísimos años,
en el mismo lugar donde lo hicieron mi padre, mi abuelo y mis hermanos, hacer
cuando de mí dependa para cumplir con mis deberes para con Dios y mi patria,
ayudar al prójimo en toda circunstancia, y cumplir fielmente la ley scout. Y
regresar a ese lugar, sin importar que, me llena de paz absoluta.